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viernes, 28 de abril de 2023

Gramsci: "El mundo es como es, pero también puede ser de otra manera".

    Hoy es 27 de abril y hoy se conmemora un año más de la muerte del pensador italiano Antonio Gramsci, cuyas ideas calaron muy profundo en pensamiento político del siglo XX y por cierto produjo movimiento al interior de la corriente marxista.  En el contexto actual, la llegada de los distintos movimientos sociales del cambio de siglo, entre ellos los "antiglobalización", significaron una relectura de sus ideas.

    En lo personal, conocí el pensamiento de Gramsci en la Universidad, a fines de los noventa.  Sus conceptos de "Hegemonía", "Subalternidad" y "Bloque histórico" fueron revisados posiblemente en clases de Ciencias políticas y también durante los cursos de la Teoría marxista.

    Lo novedoso del punto, es que más allá de lo formal, tenía compañeros de curso y carrera, militantes del autonomismo universitario, que lo leían como si buscasen una joya apropiada al momento político que vivíamos.  Eran los años de finalización de la década de los noventas, se avanzaba -¿o retrocedía? -  en la transición, se acercaba la presidencia de un socialista chileno, y con eso se seguían aumentando las privatizaciones del Estado.

    Por esos días lo leí durante algunas semanas, paralelamente leía varias pensadores marxistas en especial Lenin, Guevara y por supuesto Marx.  De esos autores, debo confesar solo seguí leyendo periódicamente a Marx. Sin embargo, Gramsci de tiempo en tiempo volvía a aparecer.  

    Debo decir además, que en aquellos años de transición, de la Era de "oro" concertacionista, Gramsci tenía para mí (o más bien ciertos lectores de él) un tufillo de socialismo renovado y sus respectivas nostalgias a las noches europeas.  Bueno, los prejuicios son eso, prejuicios. Y a veces no tanto.

"Las veleidades gramscianas eran entonces, en los setenta, propias de los exiliados en Europa, y solo gradualmente convocaron a los chilenos desterrados en América Latina.  En el caso de los socialistas chilenos, la discusión de los temas gramscianos, por así llamarlos, tuvo un impulso abierto a propósito de la división socialista de 1979, de la formación de la Convergencia socialista y de la consolidación de aquello que se conoce como "renovación socialista". (Jorge Arrate, 2011).



    Bueno, como lo plantea en la cita, Jorge Arrate algo de eso sabía.  O como lo precisa él: hay un uso, una cuartada en las lecturas de Gramsci, el de las grandes alianzas en búsqueda de la hegemonía cultural. que claro, se sentía mejor que declararse socialdemócrata a secas.

    Ese era mi reparo, pero con los años comprendí, especialmente por el comportamiento político de muchos de estos socialistas (ultra)renovados que, les era propio de sus propios caminos y no de la reflexión de las ideas gramscianas.

    Hoy cuando vuelvo a realizar el ejercicio de leer al pensador italiano y plantear el volver a escribir luego de meses sin hacerlo, regreso a las ideas de Gramsci esta vez discutiéndolo en conjunto con el concepto de campo bourdieuano.  Para cerrar, me quedo con dos palabras muy relacionadas con él: Für ewing (Para la eternidad), y escritas en prisión.

    "Estoy atormentado (éste es un fenómeno propio de los encarcelados, creo) por esta idea:  debería hacer algo "für ewing", según una vieja concepción de Goethe, que recuerdo atormentó mucho a nuestro maestro Pascoli.  Quisiera según un plan preestablecido, ocuparme intensa y sistemáticamente de algún tema que absorba y centralice mi vida interior".

    El Gramsci prisionero tuvo esperanzas en el socialismo y a pesar de su encierro intento construir algo "para la eternidad".  Hoy se conmemoran 86 años, y aunque esa cifra no sea una eternidad, son sin embargo, toda una vida humana... con sus respectivos vicios, pero especialmente con sus virtud.

                                                                    A la memoria de Antonio.


Para otras lecturas breves:

lunes, 14 de noviembre de 2022

Tiempo social y Sociologías del tiempo

 



Introducción

Hace un tiempo desperté con una consulta realizada por mi hijo, una de esas preguntas que nos dejan como al papá de Mafalda, o sea pensativo y taciturno. Él pregunto, ¿qué es el espacio y el tiempo? Y bueno, considerando que mi hijo tiene poco más de siete, se merece una respuesta seria, pero no tan compleja.

Luego de darle unas vueltas, he pensado que el espacio y tiempo son como las dos Columnas del mundo, en la versión de Sansón el Antiguo testamento lo describe de la siguiente forma:

Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida. (Jueces 16: 30-31)

En el caso de las columnas de Hercules, están son descritas: fue el mismo Hércules quien separó los dos montes unidos (Abila y Calpe) como una cordillera continua y que así fue como al Océano, contenido antes por la mole de los montes, se le dio entrada a los lugares que ahora inunda: desde aquí el mar se difunde ya más extensamente y avanzando con gran fuerza recorta las tierras que retroceden y quedan bastante más alejadas.

En ambos mitos, las columnas representas las dos basamentos o estructuras que por una parte sostienen el mundo (la casa de los filisteos) y que limitan el mundo (o el mundo conocido en el caso de la ecúmene).

Por ello, al pensar el espacio y tiempo, las entiendo como la manera en que estructura el mundo, y por otro lado, el aspecto que percibimos de él, o sea, le da forma a aquello que denominamos realidad, aquello que nos rodea mientras nosotros los seres humanos existimos. La realidad del mundo nos llega a nuestro entendimiento a partir de estas dos dimensiones fundantes: el espacio y el tiempo.

Tiempo y espacio son palabras que describen cierta conciencia de mundo, les asignamos el sentido de ejes orientadores, grandes dimensiones desde donde nos “experimentamos” como seres humanos. Estas categorías nos ayudan a ordenar, clasificar, jerarquizar, etc. nuestro entorno, y sin ellas dicho entorno sería incomprensible. Conocemos al mundo y nos conocemos a nosotros a partir de situarnos en un punto del espacio y del tiempo. Hablamos de cercanía y distancias a propósito de nosotros y un entorno, y un antes y un después de acuerdo a algún tipo de experiencia. Sin ellos, cualquier análisis de social no tendría sentido. Este texto busca reflexionar sobre el primero de ellos, sin embargo, se entiende que es imposible pensar el tiempo social sin la condición espacial.

Todos más o menos podemos llegar al acuerdo que la dimensión temporal es fundamental para la comprensión de los fenómenos humanos y la percepción del tiempo (social), su conteo y registros es efectivamente importantísimo en la vida actual. Vivimos regido por relojes que cuentan nuestro tiempo productivo, pero también nuestro tiempo de ocio. Sin ese equilibrio temporal entre el producir-reproducir-y no producir, nuestra existencia seria incoherente. Por lo mismo, la necesidad de contar con una sociología del tiempo es relevante y eso se expresa en una bibliografía en expansión. Uno de los grandes tópicos actuales es la Aceleración social, o sea como se acentúa la velocidad de los tiempos en el mundo productivo y también en el mundo cotidiano, la complejidad en las rutinas sociales en las ciudades modernas y los efectos en la vida de las personas.

Por solo dar un ejemplo, actualmente y desde hace unos años, en Chile se viene discutiendo una innovación en materia de legislación laboral, la disminución de la jornada de trabajo de 45 a 40 hrs. Dicha discusión ha traído mucho ruido, y los distintos sectores han visualizado beneficios y también perjuicios. Sobre el proyecto, la ministra del Trabajo, Jeanette Jara, indica que este proyecto, si se implementa, podría potenciar "la motivación al interior de la empresa y hace más compatible la vida laboral con la vida familiar".

La Sociología del tiempo o más bien las sociologías del tiempo, son un área de la sociología desde hace décadas. Sin pretensiones de hacer un esbozo fundacional, el texto de Norbert Elías “Sobre el tiempo” de 1984 es un muy buen paso inicial. Intelectuales como Hartmut Rosa han aportado a la reflexión actual asociando al problema del tiempo la cuestión de la alienación; en español han puesto su grano de arena el español Josetxo Beriain y el argentino Javier Auyero diversificando la discusión. Hay que reconocer que el Tiempo se ha vuelto un tópico de amplia discusión interdisciplinaria, y existen destacadas obras sobre el tema desde la filosofía, la psicología o la antropología.

La sociología del tiempo forma parte de la sociología cuyo campo de estudio es la temporalidad humana como fenómeno social, cultural e histórico, la problemática de como el transcurrir del tiempo no es solo aquello que entendemos como un fenómeno de la “naturaleza” sino la relación social que tenemos con el tiempo y las consecuencias prácticas e imaginarias que tienen en la vida personal y también social.

lo que podemos llamar la ‘sociología del tiempo’ supone una gama amplia de estudios sobre las causas y consecuencias de fenómenos temporales al interior de las sociedades actuales que van desde los análisis más generales de la experiencia temporal ‘moderna-occidental’, así como a estudios más concretos sobre las distintas formas que esta experiencia adopta.

O sea, se busca investigar las percepciones sobre el tiempo social, la forma en como las personas usan y distribuyen sus jornadas y el rol central que tiene el tiempo en las sociedades contemporáneas de forma tal que las distintas estructuras sociales como el trabajo, la escuela, la familia, etc. se van moldeando ante los imperativos de la aceleración social con impactos en la calidad vida de las personas y el mejoramiento del bienestar colectivo. Por lo mismo, una sociología del tiempo reflexionar sobre los cambios en la cultura orientados por una ideología aceleracionista (time is money) y las diferencias que surgen de ello en distintos tipos de sociedades.

Por último, el tiempo es omnipresente y direcciona nuestro movimiento como sociedad hacia un confuso futuro, lleno de imágenes apocalípticas o del desastre. ¿Hacia dónde va Latinoamérica en todo este contexto temporal? ¿los tiempos sociales en el contexto de nuestras culturales son semejantes a los europeos? ¿cómo le afecta el aceleracionismo a la infancia del sur del mundo? esas son en parte las reflexiones de esta novel subdisciplina.




Para reflexionar: Estas imágenes se tomaron el 2022 en la sureña ciudad de Chillán, en Chile.











martes, 4 de agosto de 2020

De luces y sombras: La modernidad ilustrada.


Verdad

Donde se ha impuesto una verdad, la llamada verdad absoluta, está se constituye como un gran edificio, una torre o una pirámide.  La verdad es templo luminoso, sin embargo, detrás de sí queda la sombra, la oscuridad de la intolerancia, el dogmatismo y la ignorancia.

Durante la historia de la Humanidad se han levantado templos a muchas verdades, ya sean los Dioses, los Emperadores o Reyes, la Razón o la Ciencia, el Hombre o la Naturaleza, todas ellas si se constituyen como “La Verdad”, están unidas a los espectros.

La verdad absoluta es el mejor llamado a la guerra, ¿Cuántos hombres han muerto por el amor a Dios o a la Libertad? ¿Cuánto engaño hay contenido en esas dos palabras? ¿qué mayor paradoja que luchar por la vida con armas de muerte?

El Ser humano es paradójico, ¿qué duda cabe? Hace alabanzas al amor, la vida, la amistad y actúa claramente en su contra.  ¿Cómo atreverse a hablar de defensa de la vida, si se negocia con ella? ¿Cómo habrá vida en el futuro si hipotecamos los recursos básicos que la sustentan?

 

Fe

Si la Fe cristiana es una Verdad, la Inquisición, la Intolerancia religiosa, su afán de poder mundano, y actualmente, la pedofilia, son su sombra.  La trastienda de toda verdad luminosa nos oculta a los ojos lo que se ensombrece.  “Amaos los unos a los otros, como yo los he amado”. Mientras las guerras religiosas demostraron ser muy letales.  No podemos olvidar como los cruzados se comprometieron con fiereza con la guerra y la muerte, y con la misma fuerza encontraron a los pueblos del islam tan dispuestos como los cristianos a desarrollar una guerra santa.

 

Ilustración

Entonces, ¿Cuáles son las sombras de nuestros tiempos? ¿Qué es lo que no vemos gracias a los destellos de ese templo llamado modernidad ilustrada? ¿Qué nos oculta tanta invocación a la Razón y el Progreso?

En primer lugar, habría que decir que en las sombras ha quedado reducida la Naturaleza.  En un amplio sentido, ella se ha simplificado a el entorno o medioambiente, a mero instrumento de desarrollo, la “Gran Obra” se ha convertido en algo explotar, a despojar, claro todo por un “bien superior”, los bienes y las mercancías.  Así, el hombre -en el sentido de especie, pero también como género- ha buscado ejercer el dominio de la Naturaleza. Esta última seria una invención de la modernidad donde ella es vista como lo opuesto a la Cultura -en sentido estricto, como lo opuesto al sentido occidental de cultura- y siendo el “Otro”, puede ser igualado a los “otros” que produce la racionalidad eurocéntrica.

En segundo lugar, la concepción del Hombre es acentuada bajo eso que hemos llamado “Antropocentrismo”.  Un nuevo individuo emerge desde la comunidad y poco a poco se va desembarazando de ella, cristalizando un “yo” exclusivo que busca distinguirse del grupo.  Este sujeto moderno es caracterizado por un individualismo que se aleja de las tradiciones del pasado y deposita sus esperanzas en el porvenir.  Gracias a ello nace el aventurero, el inventor y el emprendedor, todo lo alabado por el mundo moderno.  Sin embargo, esta descripción sería insuficiente sin llegar a uno de sus aspectos centrales. De los principales argumentos filosóficos y no menos de las condiciones materiales de la vida, emerge el “Homo oeconomicus”, que también es un reduccionismo de lo Humano, él cual provisto de la razón -razón con ajuste a fines- toma a la Naturaleza y la convierte en el punto de partida del proceso productivo, mera materia prima para la fabricación de bienes.  Detrás de sí, al sólo pensar en los fines y no en los medios, queda la contaminación, la degradación ambiental, el extractivismo de las corporaciones.  La racionalidad del “Homo oeconomicus” es también la llamada elección racional y los actos humanos son visualizados como los de un egoísta que es movilizado solo por su propio punto de vista.

En tercer y ultimo lugar, la comunidad tradicional y rural muta en la sociedad moderna y urbana.  La ciudad se convierte en el espacio de lo humano viéndose a sí misma como el bastión de la Cultura, esa que se iguala con Civilización.  Ya desde fines de la Edad Media la Urbe se irá desarrollando y concentrando diversos procesos sociales.  Si en la ciudad se expresa la Civilización de ella también emana la Fe, la Política, el Saber y la Moral.  Fuera de la ciudad reina el caos, el paganismo, la ignorancia y la indecencia.  Los valores civilizadores nacen de la metrópolis y buscan iluminar con sus verdades lo que se encuentra más allá de sus confines.

 

Der Aufklärung o la mayoría de edad de los hombres.

Immanuel Kant en un breve articulo de 1784 va a entregarnos la definición clásica de Ilustración:

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.  La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude!

 

                En esta definición se ha expresado la llegada de la mayoría de edad de los hombres, y por lo tanto el paso de infancia a la adultez. El uso de la razón sería de decisivo para ser todo un Hombre, sin embargo, sea por cobardía o pereza la mayoría de las gentes han optado por seguir su rol de pupilo y depender de otros.   Por lo mismo los hombres deben alcanzar la libertad, quizás la más importante sea la libertad para razonar.  Y con ello asumir los riesgos que lleva en sí este proceso de depender de su propia razón, que teniendo peligros es mejor a ser un siervo de otros.  Hay aquí un poco de la Caverna de Platón y por cierto hay algo de ambas en la contemporánea cinta de las hermanas Wachowski -The Matrix- al elegir las píldoras de colores.

                ¿Es solo por pereza y cobardía que la humanidad no se gobierna a sí mismo? ¿Hay demasiado voluntarismo en la tesis ilustrada de Kant? ¿Libertad y razón se pueden igualar?  Bueno, lo que encontramos aquí son los argumentos propios del liberalismo que emergería con los preceptos de la Ilustración. Sin embargo, la libertad no es tan simple pues aquellos que actúan como tutores de la Humanidad en el texto de Kant -ya sean los religiosos, los militares, los burócratas, los expertos, o los señores- no están tan deseosos que los hombres se liberen de sus cadenas.  Aplicando a Hegel, la dialéctica del Amo y el esclavo aún está entre nosotros, en la forma de lucha de clases, luchas raciales, luchas de género y otras tantas.

                ¿Es posible un mundo guiado por la razón? ¿es acaso deseable? A mi entender no, por lo menos desde un punto de vista único e instrumental, pues el hombre como pura razón, es un idealismo, no corresponde a la realidad, ya que finalmente los seres humanos somos emocionales.  Tal como lo diría Humberto Maturana, en lo fundamental, somos individuos emocionales, que buscamos validar racionalmente nuestras emociones. 

                Con la premisa del “imperio de la razón”, la ilustración devino en destrucción y guerra, uno de nuestros ideales más bellos, la el de pensar, derivó en una de las formas más avanzadas de la aniquilación.  El ciclo ilustrado se cierra con un mundo en crisis: La caída de la Bolsa de Wall Street  (crisis económica); la inviabilidad de la Sociedad de Naciones como garante de la Paz (crisis política) y el advenimiento del totalitarismo (crisis valórica).  La primera mitad del siglo XX trajo las sombras a primera fila, y la Guerra sobrevino ante la caída de la paz.  No podemos entender la Modernidad occidental sin el Holocausto, pero tampoco sin el exterminio indígena en América. Son los efectos colaterales del surgimiento de Occidente engendrando sus propios demonios: imperialismo, nacionalismo, fascismos; supremacías raciales, etc.  Hoy nuevamente, las sombras se ciernen sobre nosotros, con una Europa muy gastada, y con Estados Unidos dirigido por quizás  el peor de sus presidentes.  Recordando a Francisco Goya, ¡Los sueños de la razón producen monstruos!

 

 

 

 


miércoles, 24 de junio de 2020

Crisis en la cultura occidental

He comenzado la lectura del libro "Crisis. Cómo reaccionan los países en los momentos decisivos" de Jared Diamond donde descubrí que uno de los capítulos desarrollados corresponde al análisis de la "Crisis en Chile".  El Dr. Diamond había estado en nuestro país en 1967, y lo que vió y lo que sucedió después -la dictadura de Pinochet- lo invita a reflexionar el caso chileno. Y es que desde los años sesenta las transformaciones en distintas áreas (productivas, políticas, culturales, sociales, etc.) han implicado una diversidad de experimentos modernizadores y los costos de dichos "experimentos" han sido bastante altos.

¿Cómo fue que se incubó en nuestra sociedad una crisis que hoy se vuelve a manifestar -(El llamado "Estallido Social")? Esa es una larga y compleja discusión.

En síntesis, todas estas ideas me hicieron recordar que en el 2009 había escrito un texto sobre la Crisis de la Modernidad como multifactorial. Es un texto sencillo, pero me lleva a reflexionar sobre curso que ha tomado la historia en las dos últimas décadas.  Esto ha ido en aumento, y con la Pandemia global ya no se sabe bien a donde irá a parar.  Por el momento, el pensamiento reflexivo es nuestro cobijo.

 

Crisis en la cultura occidental

Introducción

La Cultura occidental es en gran parte el cimiento del mundo moderno –y postmoderno según como se vea-, su producción cultural ya sea en el derecho, la filosofía, la política, las artes y la técnica se ligan a los últimos 400 años de historia del mundo occidental.

Así mismo, la herencia grecorromana nutre las distintas naciones y a través de los siglos va saliendo de lo estrictamente Europeo. Es la monarquía Española con la conquista de América que lleva el legado a un nuevo continente y rápidamente el mundo no occidental “comienza a serlo”.

Prontamente, las potencias europeas colonizan América, África, Asia y Oceanía llevando consigo su impronta cultural y también su fe. Las grandes riquezas naturales de esos territorios viajan a las metrópolis aumentando la riqueza de los europeos como jamás lo soñaron las civilizaciones de la antigüedad. Los antiguos sueños de conquista de un Alejandro Magno o un Julio César fueron opacados por las campañas bélicas de un Napoleón Bonaparte o un Adolf Hitler. Así el sueño de un mundo ordenado por la razón, donde los filósofos gobernaran se fue deformando hasta hacer que castas industrial-militares se fueran apropiando de las naciones.

Desarrollo

El siglo XX significó el triunfo del mundo occidental, las guerras mundiales y la guerra fría transformó el mundo y doblaron la mano a grandes países orientales, los cuales debieron unirse a la lógica del Capitalismo y las repúblicas de democracia representativa.

Finalmente, un gran proceso cultural ha dado la forma final al orden mundial. Me refiero a la Globalización. El cual si bien ha sido un largo proceso de llevar la cultura occidental a todo el mundo se ha visto acelerado producto de la comunicación satelital y la Internet.

Los valores sociales, culturales y morales han viajado a los distintos rincones de todo el mundo y desde hace décadas las últimas comunidades indígenas más apartadas se han ido incorporando a los modelos eurocéntricos.

Se puede destacar que la Globalización ha tendido a uniformar las diversidades culturales tan propias del mundo hasta el siglo XIX, llevando su sistema político, económico y de creencias.  Veamos estos tres aspectos brevemente.


La Democracia como dictadura de las “mayorías”: El sistema democrático no goza de buena salud de hace décadas, el Estado Nación se ha ido rompiendo por diversos factores –nómbrese aquí a los capitales transnacionales y la crisis económicas cíclicas- ningún país está en condiciones de poder dar un poder real a sus ciudadanos dado el “poder virtual” que poseen los Grandes capitales que imponen a candidatos de turno de acuerdo a fines no tan conocidos por las grandes mayorías. Las dobles agendas de las élites políticas han corrompido nuestros sistemas.  Eso no ha evitado que políticos de las “grandes democracias mundiales” como el Gobierno de George Bush hijo obligara a los países intervenidos en medio oriente a hacerse gobernar por sistemas políticos basados en la “libertad” y la “democracia”.
Hoy en día, las distintas minorías étnicas, etáreas, sexuales y de género dejan a un alto porcentaje de la población no representada. (Un ejemplo en Chile son los jóvenes, como no participan del sistema electoral los que participan representan solo al 60% del electorado potencial).


El Neoliberalismo como la crisis del Capital: A través del Bando Mundial y el Fondo Monetario Mundial todos los países que desean contar con su apoyo económico deben generar políticas liberales. Tanto en sus políticas monetarias como las del mercado del trabajo buscan la flexibilidad propia del “dejar hacer”. Si bien esto suena bien, tenemos actores más adelantados que otros por lo que ni un llamado a la moral y las buenas costumbres (propias de las sociedades burguesas) es útil. Solo recordemos a las grandes cadenas de farmacias que confabulan secretamente en perjuicio directo de los ciudadanos. (con los años se sumaron otras como la de
“los pollos”, y la de “el Confort”).  Los trabajadores no pueden sindicalizarse ni reclamar derechos, por otra parte los gobiernos domestican a través de subsidios y bonos atrayendo clientelas políticas.


La Crisis valórico y la Crisis de la Fe o la Cristiandad como la Religión Universal versus el Racionalismo escéptico: La Razón y la Fe (Cristiana) han luchado desde la ilustración por “liberar” al Hombre, cada uno a través de un complejo sistema de creencias han creído (valga la redundancia de esto) que pueden salvar nuestra alma o a lo menos nuestra existencia. Sin embargo, el vacío del hombre actual demuestra que ni los viejos valores adecuados a versiones bastantes convenientes de las “sagradas escrituras” ni los ateos racionalistas han logrado entregarnos las certezas necesarias en el devenir humano. Más bien, hoy la gente se encuentra  una diversidad de experiencias espirituales a veces por lo demás solo exóticas. Claramente, el momento actual demuestra un giro que comienza a darse en término de creencias ya que la posible existencia de vida en otros planetas complejiza las respuestas simples dadas hasta ahora.


Conclusión

El desgaste del mundo occidental se debe a su propia afán de devorar todo a su alrededor, el hombre moderno europeo se creyó en la necesidad de ir por el mundo llevando sus ideas y valores sin contemplar  siquiera la posibilidad de ajustarlo a los territorios donde fueron. Es cosa de ver a las comunidades pehuenches vivenciando el pentecostalismo, sólo posible gracias a nuestra bien ponderada Globalización.

Pero las continuas crisis de gobernabilidad, el ataque desde el margen de sectores separatistas, dogmáticos y fundamentalistas, los antimodernistas, etc. han demostrado que es imposible un Orden Mundial uniforme sin el poder de las armas. Por más novedosas que sean las modas, los juguetes o los programas de T.V. nadie quiere dejar sus viejas costumbres porque sí. Más falta evidenciar la capacidad de coerción y manipulación para lograrlo, ¿y si se logra a quién beneficia? Podrá este gran castillo de naipes no caerse mientras formamos la nueva Roma, tan iluminada y tan manchada de sangre como la anterior?

La Crisis de la Cultura Occidental para mi está latente en el proyecto posmoderno, que si bien busca liberar al hombre de las garras de la racionalidad extrema y con ajuste a fines, en la práctica nos derivó a un hedonismo e individualismo extremo y nos entrega a las garras del consumo.

La esperanza como siempre está en la alternativa, en los proyectos locales, en lo microorganizacional (a veces en lo comunitario), pero sobre todo en la capacidad de hacer consciente todos esos procesos que intentan mantenernos esclavos de una cultura que a nosotros mismo los chilenos no nos reconoce como occidentales, ¿o no se habían dado cuenta?