lunes, 13 de abril de 2015

Perdidos en la noche

Polémica ha causado en las redes sociales el personaje central de la miniserie "Pérdidos en la noche" de TVN.  Aparece un Daniel Zamudio más "real", más común y corriente, más parecido a otros jóvenes de su edad, menos heroico que el de las noticias o el de los discursos parlamentarios para promulgar la ley antidiscriminación.
En esencia, ha significado bajarle del cielo estrellado, vuelto humano a regresado a parecernos desagradable, a lo menos incómodo, porque lo vemos como nuestros prejuicios quieren que lo veamos, un "queer", un desviado.
Patricio Hidalgo desde Quinto Poder nos dice, "Quienes quieren negar la humanidad de Daniel (constituida, como todos, por sus debilidades e imperfecciones) para proteger su imagen, no entienden la potencia de lo que su nombre significa, que es precisamente lo contrario: no importa tu imagen, tu biografía, tu identidad, a la hora de defender tu derecho a ser como quieras ser".

En el caso de Daniel, a partir de su humanidad no aceptada, lo hemos deshumanizado. Le despojamos de su ser.  Casi lo hacemos responsable de lo que le paso, "eso le paso porque se lo andaba buscando".  Siendo así no sólo los cuatro chicos que lo atacaron serían los culpables, sino la sociedad chilena en general se ha hecho cómplice en su violencia homofóbica. 
Este ejercicio descalificador ha sido estudio desde las Ciencias Sociales y los Estudios de Género para resolver la interrogante, ¿por qué la sociedad necesita de injuriar al distinto? ¿por qué la "mayoría" necesita vilipendiar a las "minorías"?.  Las respuestas han sido variadas.  Por una parte aparece el concepto de Heteronormatividad, asociando a las normas sociales de la cultura patriarcal,  o sea, el sentido de la norma protege las conductas heterosexuales y recrimina toda otra conducta sexual.  En segundo término, podemos destacar la visión performativa del género, o dicho de forma más simple "Ser hombres" o "Ser mujeres" es una fabricación producto de la cultura y la historia.
En las redes sociales se puede ver la discusión de si lo ocurrido fue un crimen de odio, parece difícil no serlo. Es que el reflejo del espejo de lo social nos devuelve una imagen horrorosa, tal como el retrato de Dorian Grey, mientras él disfruta de un rostro fresco y alegre, su yo interior vil y bellaco se refleja en la pintura.  Así el Chile profundo no es aquel invento de una sociedad solidaria o ejemplo de democracia, sino una sociedad embrutecida por prejuicios arcaicos, que demonizan a los que no son iguales a la "mayoría", donde los casos de femicidios no son pocos y de cada tanto mueren jóvenes por no ser lo esperado.
Según Movilh Joven en su Encuesta sobre educación sexual y discriminación 2012 nos plantea que "el 39 por ciento ha conocido de casos concretos de discriminación hacia la diversidad sexual. Por último, sólo el 33,2 reporta que “siempre (12%) o a veces (21.2%)” se sanciona a los responsables de los atropellos".
Desde la sociología estos cambios y desajustes no son ninguna novedad, son propios de los ires y venires de complejas transformaciones culturales propias de la globalización.  La modernización económica -especialmente la apertura comercial- obliga a cierta pluralidad cultural para invitarnos al consumo diverso.  Sin embargo, los grupos más conservadores reaccionan en muchos casos con inusitada virulencia como lo grafica el discurso trasnochado del Pastor Soto hacia la homosexualidad. 

En un país donde toda lucha que reivindique lo colectivo es sinónimo de comunismo, las luchas sociales del Chile actual son a partir de la individualidad, lo privado y la intimidad.  Es cosa de revisar los proyectos emblemáticos de reformas sociales (Acuerdo de unión civil, aborto terapéutico y una reforma educacional más bien orientada hacia las personas que un proyecto país). Visto así la lucha por la libertad sexual es una lucha revolucionaria.  Pues al asumir el poder que implica la sexualidad, implica asumir ese poder para transformarlo en autonomía y autodeterminación, así mismo implica una apertura social en una sociedad culturalmente provinciana y pacata.   Pareciera que todo tema de cambios culturales pasa por dar importancia a la educación, pero no cualquiera sino una educación para la diversidad.

lunes, 6 de abril de 2015

Del adultocentrismo al niñocentrismo, o como los adultos se vuelven niños.


Me he propuesto realizar esta reflexión no desde una mirada moralizante, sino analítica.  Cuando se habla de familia se toca el espacio de mayor intimidad de los seres humanos y por lo tanto estamos ante sentires más sensibles que de lo común.  Es que desde los primeros teóricos de la sociedad en forma continua se ha dado por entender a la familia como la base de la sociedad.
De lo que aquí se trata es de tematizar la lógica que constituye familia, la fuerza que atrae a sus componentes, le otorga roles y funciones.  Diremos que hasta hoy esa lógica predominante ha sido la "Adultocentrista", o sea un tipo de sociedad y de familia centrada en las necesidades y creencias de los adultos, con un sesgo excluyente hacia el mundo de los niños y en su peor faceta, autoritaria, abusiva y violenta.
Para definir ese tipo de patrón de relación social familiar, partiremos estableciendo los dos elementos que la constituyen los adultos y los niños. Un organismo es reconocido como "adulto" en tanto es capaz de reproducirse; en un sentido humano eso conlleva una diversidad de aspectos biológicos, psicológicos, sociales, culturales, jurídicos, etc.  En las sociedades tradicionales, rituales específicos marcaban el momento cuando el niño se convertía en adulto; eso en la actualidad se marca con el termino de la educación media, el servicio militar en los hombres, el poder trabajar sin el consentimiento de los padres, etc.  En cambio, para el concepto "niño" se encuentran varias definiciones donde en un sentido legal se relaciona con la Convención de los Derechos del Niño (1990), y en un sentido general se refiere a aquella persona que aún no ha alcanzado un grado de madurez suficiente para tener autonomía. O sea, que todo dependería de que se entiende por autónomo en cada cultura y momento histórico.  En el mundo actual, y con una más amplia incorporación de jóvenes a la educación superior se vive un proceso de "moratoria social", que conlleva que los hijos estén más años en la casa de sus padres.
En segundo término diremos que en el Adultocentrismo, los padres se ven obligados a construirse a sí mismos como expertos en crianza y en niños, en personas sabelotodo y capaces de todo, algo así como una mezcla de profeta y héroe, resumidos en el estereotipo del patriarca o la matriarca. Y esos padres -sobreexigidos- deben ser capaces de cumplir las expectativas de sus propios padres, que juegan a volver a tratarlos como niños que descubren el mundo (de ser padres).
La postura adulto-céntrica no se limita a la familia, las instituciones sociales como la escuela toma la misma actitud y los profesores interpretan con habitualidad el rol de padres y madres  autoritarios.  En el campo educativo por más reformas que se le han realizado aun no se supera el sesgo adultocentrista.  Y ni que decir del Estado, la policía, el ejército, la justicia donde la figura del "padre castigador" esta siempre omnipresente.  Revisar como las instituciones sociales de nuestra "democracia" actúan como ente castigador daría para largo, y lo que aquí deseamos es centrarnos en la familia.
Diremos entonces que este adultocentrismo en la familia pareciera venir de antaño desde la constitución de la familia extensa y nuclear.  Es cierto que esta última, con su movilidad social y geográfica (propia del sistema capitalista), posee una dinámica mucho más flexible y adaptativa, sin embargo no hay que engañarse, el rol del adulto es incuestionable y sagrado.  En la sociedad occidental se dio por presentar al niño como un minusválido, alguien carente que solo con los años lograría la completitud, momento que no sería otro que el de convertirse en adulto, a ese ritual tan característico de la mayoría de edad.  Esto significo que hasta los años 60 del siglo pasado, las posibilidades de participación de los niños era muy limitada y en algunas culturas nula.  Para las familias latinoamericanas, donde el machismo estaba muy presente, significaba que comían antes que los adultos, debían acostarse temprano y para adaptarse al rol de adultos ya antes de la adolescencia se debía comenzar a trabajar para comprender el rigor de lo que aquello implicaba.
En las ultimas décadas eso ha ido en retroceso, y que bueno que dicho autoritarismo se va en retirada.  Sin embargo se da un fenómeno opuesto, que aquí habremos de llamar niñocentrismo -a falta de otro concepto- y que pareciera ser propia de un estilo de crianza culposo en relación al rol de la "autoridad" dentro de la familia. Son padres y madres que titubean a la hora de tomar decisiones por sus hijos y en casos extremos invitan a sus hijos a que las tomen, aunque solo posean escasos años de vida.  De tanta restricción social pasamos a un paradigma familiar del "dejar hacer", que en el peor de sus rostros cae en la negligencia parental.



En principio este fenómeno de corte cultural podría deberse a la disminución sistemática de los niños en la vida social, por lo que la crianza de infantes se vuelve más cercana y dialogante.  Como el número de niños en la familia es menor la concentración de la crianza se vuelve mayor y ahí pareciera que esta la tentación de dejar al niño que haga lo que quiera como demostración de cariño.  Esto puede tomar dos caminos, uno activo  y otro pasivo.  En el primero, el adulto activamente promueve que el niño tome decisiones desde muy corta edad y se le recompensa con un acceso al consumo de bienes en edad muy precoz, así los infantes son vestidos como adultos y se les refuerza la cuestión del gusto (colores, modelos y marcas de las cosas).  En la forma pasiva, los padres no intervienen demasiado y dejan hacer dejándolos libres de responsabilidades domésticas para que puedan disfrutar de su edad, no es extraño que este laissez faire los lleve a cometer errores que los involucren en problemas, que por falta de control no se constate por ejemplo los avances académicos en la escuela.
El paso de una sociedad adultocentrista a una sociedad niñocentrista pareciera vinculado a cambios culturales mayores vividos en el mundo actual hoy usualmente llamamos posmodernidad, o sea, esto implica cambios en algunos de los patrones culturales como son la ruptura con el deber-ser y la moralidad estricta, el tránsito hacia  el hedonismo y relajo moral.  Bien podrían estar vinculados esas transformaciones con los cambios que vive la familia, desde el autoritarismo del mundo adulto, hacia un mundo de infancia sin guía ni apoyo.
Se debe reconocer que la responsabilidad de los padres es ineludible, se puede buscar construir relaciones basadas en el amor hacia los hijos, sin embargo en dicha relación siempre se es padre y es por ello que debemos cuidar y educar a los niños.  Eso no implica volver a invitar a la violencia en las relaciones padre-hijo, adulto-infante; sino más bien, luego del aprendizaje obtenido de la sociedad adulto-céntrica se debe valorar que la crianza es un proceso y que como tal se va transformando a sí misma.

Las necesidad de los niños cambian, y no es lo mismo educar a un infante que a un adolescente, los espacios para la autonomía deben ir creciendo, pero es vital en los primeros años que el niño aprenda a confiar en que sus padres estarán para ayudarlo a levantarse cuando caiga. El invertir el juego de relaciones verticales de la sociedad adulto-céntrica por otras relaciones verticales en la sociedad niño-céntrica es un error.  La solución pasa por construir un tipo de relación que busca con los años hacerse cada día un poco más horizontal, así cuando el adolescente se convierta en adulto caminara al lado de sus padres en total autonomía y autodeterminación.

Superando el adultocentrismo (UNICEF)
Children see. Children Do.

domingo, 5 de abril de 2015

Breve historia de la Teoría Social clásica de la Familia

Al acercarnos al origen mismo de una Sociología de la familia, debemos ir directamente al fundador -a lo menos en el plano teórico- de la Sociología.  Este personaje es Auguste Comte (1798 - 1857) quien señala como la institución fundamental de la sociedad a la familia. Es así, como en el cuerpo social se identifican tres niveles los cuales son, el individuo, la familia y la sociedad propiamente tal.

El sociólogo argentino Alfredo Poviña nos dice sobre el pensamiento del padre de la sociología, que "para él, la familia forma parte de la Estática Social, al estudiar el tema, dijimos que Comte no hace otra cosa que continuar por las huellas que le marcara Aristóteles.  Por eso, sostiene que la familia es la verdadera unidad social, y que de ella nace directamente la sociedad", agrega además que "según Comte, es un grupo pequeño que está unido naturalmente por el afecto, y que lleva en sí la facultad de perpetuarse.  La familia es como la célula para el organismo".

En el pensamiento comtiano podemos constatar ese enfoque organicista tan propio de los autores positivistas y de los evolucionistas donde la familia es la unidad básica.  Así mismo -y en un sentido muy actual- es uno de los primeros en hablar de crisis familiar.

"Cuando el estado social se encuentra profundamente alterado, la disolución penetra, en alguna medida, hasta la constitución domestica, como se ve hoy con demasiada frecuencia". (Auguste Comte).



 En un sentido parecido, pero desde las filas del conservadurismo católico,  Louis Gabriel De Bonald (1754 -1840) destaca el rol de la familia. El género humano nace gracias a la familia y continua gracias a ella, o sea si se reduce a una familia, bastaría para reconstruir toda la sociedad. En un análisis más fino toda familia está compuesta a lo menos de tres individuos (el padre, la madre y el hijo) cada uno de ellos con sus funciones esenciales y propias dentro de la familia (Alfredo Poviña).  Asimismo preocupado por el divorcio, luchó contra éste, él cual consideraba un "veneno revolucionario".

Por otra parte, Fréderic Le Play (1806 - 1882) no solo se conforma con reconocer la importancia de la familia desde una perspectiva teórica, sino que propone una metodología sociológica particular para ello, la monografía familiar.  Esta se dedica a estudiar los diversos aspectos de la vida familiar con énfasis en aquellos económicos. Es así que se dedica a estudiar un tipo de familia en particular, la familia obrera.  En sus investigaciones propone que estudiar a la familia obrera es tomar el pulso a la vida social.  A partir de ello, da una clasificación de tipos de familias que él denomina Patriarcal, Inestable (o sea, la familia obrera) y Raíz.


En los tres autores se ve un pensamiento conservador y contrarrevolucionario.  En Comte, apoyado por el cientificismo positivista y en De Bonald por el tradicionalismo católico.   De dichas ideas se puede extraer la postura de que la familia es la unidad base de la sociedad -o sea si se altera la familia se alterará a la sociedad toda y viceversa-, y la visión de una temprana crisis de la familia para ambos autores son productos de los rápidos cambios que ocurren con la Revolución Francesa. En Le Play se reconoce el esfuerzo de ir hacia lo empírico a partir de la observación minuciosa de los fenómenos sociales según un esquema unitario, demostrado en su obra Los obreros europeos.

jueves, 19 de marzo de 2015

Ciudadanía, seguridad y estado policial

            El sociólogo Loic Wacquant nos presenta una interesante reflexión sobre los modelos penitenciarios a partir de una revisión del Programa policial "Tolerancia cero" de Nueva York.  En su libro "Cárceles de la miseria" nos presenta el paso de un Estado Providencia a un Estado Penitencia, o sea la disminución de intervención del estado en el área social y económica para un aumento en el área de seguridad (policial y penal).  Es el notable abandono del modelo de Estado de bienestar para la llegada del Estado policial.
            "A la manera de un buen padre de familia que actuó durante demasiado tiempo con ternura y tolerancia, en lo sucesivo el Estado providencia europeo debería adelgazar y luego obrar con severidad con sus fieles disipados y elevar "la seguridad", definida estrechamente en términos físicos y no de riesgos de vida (salarial, social, médico, educativo, etcétera), al rango de prioridad de la acción pública".


            El caso chileno no es distinto, con la finalización de la dictadura militar han existido múltiples intentos por evitar el afianzamiento de una democracia participativa y el mantenimiento de una democracia protegida.  Tal como lo indica la constitución de 1980, las Fuerzas Armas y de Orden tienen el rol de ser garantes de la institucionalidad nacional.
            Seria Joaquín Lavín el encargado de instituir una versión chilena del "Tolerancia cero" como alcalde de la comuna de Santiago. Y su partido, la UDI, la de politizar el tema de la de la seguridad (ciudadana). Desde allí, la delincuencia se ha convertido en uno de los principales temas del debate público nacional, esto en menoscabo de otro tipo de seguridades como la laboral, sanitarias, medioambientales, etc.
            Es que el concepto de "Seguridad" ha evolucionado desde que apareciera durante la Revolución Francesa como "Orden Público" en el artículo 9 de la Declaración de los derechos del Hombre y el ciudadano.  "Nadie puede ser inquietado por sus opiniones, incluso las religiosas, siempre y cuando su manifestación no altere el orden público establecido por la ley".
            En ese sentido, el Orden Publico es la limitante de la libertad individual para el mantenimiento de la vida en sociedad, es el sometimiento al Contrato Social de J.J. Rousseau para la construcción del modelo de sociedad republicana.
            El concepto de Orden público, fuertemente relacionado con las respectivas Fuerzas de Orden (Policías), ha entrado en las ultimas décadas en desuso y ha sido reemplazado por el de Seguridad ciudadana con una fuerte impronta hacia los delitos a la propiedad y con su contrapartida del reforzamiento tanto de las policías como los sistemas de Seguridad privada. 
            Estas imposiciones en las agendas nacionales no han tenido grandes contrapartidas desde la ciudadanía, la cual con breves interrupciones ha permanecido ajena a estas discusiones y transformaciones. Básicamente en los primeros veinte años del regreso a la democracia los ciudadanos no se vieron impelidos en su mayoría a contraponer sus ideas en contra del sistema político, quien actuó con gran autonomía para aplicar la lógica de la Seguridad ciudadana.  De hecho las pocas expresiones desde la sociedad civil son la creación de fundaciones como Paz ciudadana cercana al mundo empresarial y político.  Esta nace a poco andar de la vuelta a la democracia y su primer presidente fue Agustín Edwards E. -dueño del Diario El Mercurio- quien en el acto inaugural dijo: "Resulta fácil culpar a otros del aumento de la delincuencia, pero si no estamos nosotros mismos dedicados a la tarea de combatirla, no podremos avanzar en la imperiosa labor de eliminarla de nuestra sociedad".
            En los ciudadanos comunes y corrientes pasa muy poco.  Autores como Jeremy Rifkin, en La era del acceso, nos plantea la llegada de los Sujetos proteicos. "La era del acceso también llega con un nuevo tipo de ser humano. Los jóvenes de la nueva generación «proteica» se encuentran muy cómodos dirigiendo negocios y desarrollando su actividad social en los mundos del comercio electrónico y el ciberespacio, y se adaptan con facilidad a los múltiples mundos simulados que configuran la economía cultural. El suyo es un mundo más teatral que ideológico y más orientado por un ethos del juego que por un ethos del trabajo".
            Es lo que también presenta Néstor García Canclini en su libro "Ciudadanos y consumidores" de 1995. En su primer capítulo nos muestra los cambios sufridos por las sociedades occidentales en tanto surge una segunda modernidad o definitivamente una posmodernidad, y como su titulo lo indica un abandono de su rol de Ciudadano para asumir un nuevo rol como consumidor.
            "Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos -a dónde pertenezco y qué derechos me dan, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- se contestan más en el consumo privado de bienes y de los medios masivos que en las reglas abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos".
            Esta imagen de la sociedad pareciera estar cambian en tanto el sentido de autoridad del mundo político y las instituciones en general se continua debilidad con escándalos diversos.  Aún tímidamente, comienza a emerger un sentimiento de indignación que conllevan los primeros pasos hacia tentativas de movilización social.  Lo que ocurra de ello todavía está por verse.

Página Web Pazciudadana
Conferencia de Loic Wacquant en Chile
Néstor García Canclini, Consumidores y ciudadanos

viernes, 13 de marzo de 2015

Consummatum est


Esta frase latina llega a nuestra época -siglo XXI- como un rayo estruendoso.  La Biblia indica que en su último suspiro Jesús, el Cristo, habría dicho "Consummatum est", o sea todo acabó según la versión de la Vulgata Latina en el evangelio según San Juan.  El sentido que se le dio con el correr de los siglos sirve para expresar un gran dolor o simplemente un desastre.
Bien podría servir para expresar lo que vemos a nuestro alrededor, en las noticias de los diversos medios de comunicación. Podría ser una voz -divina y humana- que clame por el fin de todos estos conflictos bélicos, pandemias, hambrunas, etc.  Seguramente nuestra base cultural judeo-cristiana vea en estos "desastres naturales y humanos" un castigo proveniente desde los cielos.
Sin embargo, no invocamos en ese sentido la frase bíblica, no apostamos por aumentar visiones catastróficas ni apocalípticas.  Conservamos esperanzas para el devenir humano.  Más bien nos conectamos con el hecho que "consummatum" es el pretérito perfecto del verbo "Consummo" (consumar, acabar).  Palabra desde donde nos llega el concepto Consumo, o sea la acción de consumir o gastar un producto, bien o servicio.
Es interesante la imagen que produce la palabra, consumir es gastar o terminar con algo.  Esto queda muy claro al comprar un helado, pues a los minutos este fue "terminado" de comer.  Esto que nos puede parecer muy simple y quizás hasta obvio, no lo es tanto pues la acción de consumir arrastra ese sentido que tanto nos incomodo en las sociedades modernas, el derroche y la superfluidad.  O sea, el consumo  siempre corre el riesgo de volverse consumismo o hiperconsumismo. Atávicamente la palabra conlleva contenido un amplio sentido de culpa.
Para una comprensión básica con respecto al fenómeno estudio, diremos que Consumo es según la RAE la "Acción y efecto de consumir comestibles y otros géneros de vida efímera, Acción y efecto de consumir energía)" y agrega más cercanamente al sentido sociológico "Dicho de la sociedad o de la civilización: Que está basada en un sistema tendente a estimular la producción y uso de bienes no estrictamente necesarios".
En relación a lo anterior aparecen los "Consumidores" quienes son los actores sociales que realizan en el acto de consumir.  Todo esto no ocurre en la nada y la economía clásica nos explica la importancia del Mercado a partir de la Oferta y la Demanda.  Según la economía estos serian actores raciones y realizan elecciones racionales a la hora de comprar, sin embargo esto no es completamente cierto pues el acto de consumir conlleva componentes subjetivos.
Por Mercado los economistas entienden un espacio en el que los vendedores y compradores obtienen información sobre bienes y servicios, y en el que realizan transacciones comerciales[1].  En teoría un mercado necesita muchos compradores y vendedores para que sea competitivo, sin embargo, hay distintos espacios donde los mercados están lejos de ser ideales.
En conceptos más actuales nos encontramos con Consumo colectivo, de Manuel Castells, utilizado para referirse a los procesos de consumo que fomenta la ciudad, como son los servicios de transporte o los servicios de ocio[2]. 

Las acciones de consumo son altamente importante para comprender la lógica del Capitalismo actual, en tanto para acceder a la vida social debemos hacerlo vía consumo (cuyo instrumento de intercambio es el dinero), quienes se integran al sistema y quienes son excluidos en ultima instancia son determinados en relación a su capacidad de consumir o no los bienes y servicios ofrecidos en los mercados globalizados actuales.

[1] Parkin, Michael et al.  Microeconomía.  Versión Latinoamericana.  Pearson educación.  México, 2006.  En relación al concepto "Demanda" los autores lo definen como "la relación entre la cantidad de un bien que los consumidores planean comprar y el precio del mismo, cuando permanecen constantes todos los otros factores que influyen en los planes de los compradores", al contrario "Oferta" es "la relación entre la cantidad de un bien o servicio que los productores planean vender y el precio del mismo cuando todas las otras variables que influyen sobre los planes de los vendedores permanecen constantes".
[2] Giddens, Anthony.  Sociología. Alianza Editorial.  Madrid, 2006.

jueves, 12 de marzo de 2015

Sociedad sobre ruedas

"Deberíamos intentar crear una ciudad cuyas calles no sólo
sean seguras sino que estén llenas de vida, algo de lo que carecen las vías llenas de tráfico, a
pesar de su ajetreado movimiento de vehículos". (Anthony Giddens)


A simple vista, las ciudades han dejado de ser para el peatón.  El ciudadano de a pie debe sortear diversas dificultades para transitar por las calles debido al aumento sostenido del parque vehicular.  Así la ciudad deja de ser una experiencia relativamente calma para volverse muy acelerada.  Las avenidas funcionan como arterias cuya congestión podría terminar mal.
Este cambio no sucedió de un año para otro sino hay una tendencia clara.  Para el periodo 1990 -2010 el número de vehículos motorizados se triplico, la mayor parte de ellos son los automóviles que también se triplicaron. La participación de estos en el parque vehicular ha ido en aumento, en 1990 representaban el 56% y en 2010 llegaban al 60%.  
El resultado de este aumento vehicular no se explica por el puro y simple crecimiento de la población la cual en dicho periodo (1990-2010) estuvo lejos de duplicarse. O sea, para 1990 había 1 auto por cada 11 personas y en el 2010 había disminuido a 8. Seguramente, una de las variables más importante es el ingreso per cápita, este aumentado del PIB es de cinco veces en el periodo ya indicado.  ¿Por qué con el aumento de los ingresos el automóvil aparece como un bien deseable para mejorar las condiciones materiales de existencia?  Ese es un interesante tema de discusión a resolver.
Estas transformaciones en las calles han obligado a planificar las ciudades de forma distinta, las pequeñas avenidas han dado paso a calles de 4 y más pistas obligando al peatón a correr para cruzar en los tiempos que el semáforo les obliga, dicha sincronización es para guiar el flujo automotriz y no el tránsito de las personas.  En las ciudades más grandes dichas avenidas cortan la integración de los espacios dejando sectores separados por el amplio flujo de vehículos. 
Y esto va en aumento, porque como la experiencia subjetiva de hacer ciudad de a pie se va volviendo más incómoda, más personas se unen a experimentar la ciudad sobre 4 ruedas.  Es tal el acostumbramiento al automóvil que la gente opta por ir al almacén del barrio en auto, obligando a ir dando solución al siempre complejo tema de los estacionamientos.  Y así, y el gasto del vehículo no solo se reduce al combustible u otros insumos, sino que se suman parquímetros, acomodadores y peajes.
Algunos han optado como solución intermedia el uso cotidiano de la bicicleta, haciendo un uso "más armónico" de las calles de la ciudad que se combina a más velocidad, ejercicios musculares y sin costo. Ante un aumento de la privatización y acceso vía consumo de las experiencias sociales, el peatón y el ciclista reclama por su espacio ciudadano donde su relación con la Polis sea respetada por los automóviles. Donde el vivir en la Polis le permita el disfrute y el esparcimiento.

Cuesta hoy imaginarse una ciudad distinta, más equilibrada, con más plazas y parque, espacios más integrados donde el fluir de personas sea más armoniosos.  Finalmente, es importante destacar que la ciudad no solo es un espacio urbano, sino la serie de elementos subjetivos ligados a la experiencia de estar en ella.  La "Sociedad sobre ruedas" lucha por ser competitiva, eficiente y más productiva, pero sigue al debe con el desarrollo de las potencialidades humanas.




Datos sobre el Parque Vehicular
Datos sobre el PIB (Banco Mundial)
Datos demográficos

martes, 10 de marzo de 2015

Una categoría identitaria: "Somos winners"


Pedro Urdemales es una figura arquetípica en los relatos populares sobre una forma de identidad tan chilena, que la mayoría de los chilenos que conoce al personaje cree que es oriundo de nuestras tierras.  Pero no, no lo es. Es un relato español y de varios siglos de antigüedad, sus orígenes se pierden en el siglo 12.
Fue muy famoso por su picardía, choreza, bravuconería, frescura y destemplanza. Se avienen muy bien con ese espíritu tan chileno, ese mismo espíritu que el futbolista Gary Medel llamó tan gráficamente "Chispeza".  Medel, una versión futbolera de Urdemales hasta nos inventó una palabra para expresar ese parecer.
En los relatos que se preservaron por escrito, nos llegan las historias (chascarros) de Pedro Urdemales donde se las arregla para siempre ganar. Esa sí que es chispeza pues, creatividad devenida en torcerle la mano al destino, y no solo a él sino a la autoridad. Y es que  a fines del siglo XIX y la mayor parte del siglo XX, los sectores populares  expresaron de múltiples formas su disconformidad social satirizando y ridiculizando al poder, ya sea este civil, religioso o militar.  No olvidemos la Lira popular y las canciones del folclor campesino.
El destacado Condorito tiene mucho de ese espíritu, el del roto chileno que es bueno "pa´ la pega" y bravucón.  Recordemos esa potente consigna estampada en los muros de Pelotillehue "Muera el roto Quezada" como una forma de escarnio público.  Es también Juan Verdejo  figura prototípica del personaje popular presente en la revista de humor político Topaze.
" El personaje Juan Verdejo de la revista Topaze constituyó la representación clásica del “roto” chileno entre los años 30 y los años 60. La revista satírica lo empleó agudamente para encarnar al pueblo con sus deseos, anhelos y necesidades básicas. Resultó ser en gran medida un anti-mundo en relación a la elite dominante, entroncando con los personajes de la clásica narrativa picaresca española" (Maximiliano Salinas)
Sin embargo, el Chile actual ya no es el de ayer.  Los procesos transformadores de la dictadura militar son innegables.  La economía de matriz desarrollista fue cambiada por un modelo productivista de monocultivo y con énfasis exportador.  Esos cambios han afectado la imagen de Condorito y Juan Verdejo.  Es cosa de ver las revistas actuales del plumífero personaje del dibujante Pepo, ya no vive en una ranchería y en muchos chistes ya no se ve con ojotas, el modelo económico le permitió emprender. Y es que en un transformismo camaleónico -propio del Jurel tipo Salmón o del Jaguar Latinoamericano- los sectores populares ya no se ven reflejados en ese Juan Verdejo tan precario, suburbano y desempleado.  Los sectores populares tienen más sintonía con el relato del esfuerzo y el emprendimiento, más al estilo "Escuela de Chicago" - la neoliberal no la sociológica-  y eso no dio cabida para "rotos rotozos".
Aun así, no se engañe. En el alma de Chile, en esa "inmensa mayoría" en el sentido de Sebastián Piñera, vive Pedro Urdemales, aún hay chispeza como lo declaró el Pitbull Medel.
Somos winners, o sea, "ganadores".  No en el sentido de que triunfamos o vamos en búsqueda del triunfo, sino ese localismo del centro-sur "Ganarse", como ganar un espacio sea en la fila del Banco o supermercado.  Un apropiarse de algo antes que otros.  También le decimos a esa conducta "ser vivo", y le aconsejamos a otros "tienes que avivarte poh".  Y esa conducta tan popular resulta que es bastante transversal.  Porque no solo los comerciantes ambulantes "son vivos", en los sectores del más privilegiado empresariado también lo son.  Los señores de Penta serían "enteros de vivos" y parece que Davalos y Cía también.  Y si de chispezas se trata el diputado Hasbún, tiene una "frescura del porte de un buque".
Un bloguero, Matías Carrasco Ruiz-Tagle, escribió una interesante titulada "Matías Larraín: somos winners" describiendo desde adentro como los sectores más acomodados juegan a "ganar" en todo incluso ante la justicia.  Y esa idea es más popular, Joaquín García-Huidobro columnista en El Mercurio titulo uno de sus escritos "No somos gánsteres (somos winners)".
"La tentación de obtener más que el promedio resulta irresistible para un 'winner'. Esto no le pasa solo a algunos empresarios, sino a cualquier chileno que se deje llevar por la lógica exitista..." (Joaquín García-Huidobro)
Como si percatarse que todos tenemos alma de winner en Chile fuera un consuelo.
Así, podemos ver que ese antiguo personaje, Pedro Urdemales ya a muerto nos ha dejado sus más tiernos discípulos y la táctica de Urdir males con una sonrisa en la boca continua hoy más "viva" que nunca.